Ajusticiamientos y autos de fe

Anónimo, Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid. MHM

Los ajusticiamientos y escarnios públicos tuvieron en la Plaza Mayor uno de los principales escenarios urbanos. Realizados sobre patíbulos creados ex profeso, cada estamento social tenía una manera y un lugar para morir. Siendo la horca el más habitual para la gente del pueblo y el hacha o cuchillo para la nobleza. El lugar elegido para la nobleza, situaba el patíbulo frente a la Casa de la Panadería y el lugar para el pueblo situaba el patíbulo frente a la Casa de la Carnicería. Uno de los ajusticiamientos de nobles más famoso fue el de don Rodrigo Calderón de Aranda, valido de Felipe III, el cual fue acusado de brujería y condenado por ello a morir en la Plaza Mayor.

De entre los eventos judiciales que se desarrollaron a lo largo de los siglos en la Plaza Mayor, sin duda el Auto general de Fe de 1680 marcó para siempre la historia de la Plaza.

El Auto de Fe del 30 de junio de 1680, es una de las imágenes más espectaculares de la España Barroca. Se conocen todos los detalles de éste, gracias a la Relación escrita por Joseph del Olmo, alcaide del Santo Oficio y encargado de diseñar la estructura de madera, conocida como tablado donde se llevaría a cabo. La obra fue publicada en Madrid a fines de ese mismo año de 1680 con todo lujo de detalles.

El rey Carlos II, desde el principio de su reinado, había mostrado el deseo de asistir personalmente a la celebración de un Auto general de Fe. Por lo que el inquisidor general Diego Sarmiento de Valladares, aprovechó el gran número de reos en los diferentes tribunales inquisitoriales, para realizar un auto de fe general. La primera idea fue realizarlo en Toledo, pero el rey propuso que el escenario fuese la Plaza Mayor de Madrid.

Al Auto general de Fe, asistió el rey Carlos II en compañía de su esposa, María Luisa de Orleans, y de la reina madre, Mariana de Austria, junto con lo más granado de la alta sociedad del momento. El rey estuvo presente en el balcón real de la Casa de la Panadería desde su llegada a las ocho de la mañana hasta la finalización del Auto, a las nueve de la noche.

El Auto de Fe comenzó con un solemne desfile en el que, la Cruz Verde y la Cruz Blanca, símbolos de la Inquisición, procesionaban por las calles de Madrid. La primera de estas cruces, se dirigió a la Plaza Mayor y la segunda a los quemaderos de San Bernardo.

Auto de fe de Rizi del Museo del Prado

Los reos, en total 120, escucharon sus sentencias y posteriormente recibieron sus prendas de penitencia. La procesión estaba compuesta por los Soldados de la Fe, la Cruz Verde de la parroquia de San Martín vestida con velo negro, doce sacerdotes con sobrepellices y los 120 reos acompañados cada uno por dos ministros. En la Relación de Del Olmo aparece el listado completo de los condenados con su nombre, origen, edad, oficio, vestimenta penitencial y delitos cometidos, así como la pena a la que había sido condenado. Los hábitos penitenciales iban acorde a la sentencia: corozas con insignias de hipócrita y embustero, de hechicería supersticiosa, de sacerdote casado, de casada dos o tres veces y de condenado a relajación, sambenitos de media aspa o de aspa entera, con llamas o con mascarones de demonios. Algunos de los reos llevaban sogas a la garganta, con tantos nudos como centenares de azotes debían recibir. Otros iban atados de manos y amordazados para que no profiriesen blasfemias o respondiesen a los insultos del gentío allí presente.

El resumen del Auto general de Fe de 1680 concluye que 104 reos fueron condenados por judaizantes y procedentes en su mayoría de Portugal. Hubo además 1 mahometano, 2 herejes y 11 reos por delitos menores. Sus edades comprendían desde los 14 años hasta los 70 años. Curiosamente los reos que ya habían fallecido o estaban fugados fueron representados en el Auto de Fe a través de estatuas de cartón que arderían en la hoguera.

A parte de la pena de muerte, se dictaron otras penas como cárcel, azotes, destierro, galeras, confiscación de bienes, vergüenza pública, adoctrinamiento en la fe, o prohibición de ir a los puertos entre otras.

La procesión de la Cruz Verde salió de las cárceles del Tribunal de Corte en la Plaza de Santa Cruz, recorriendo las principales calles del Madrid de los Austrias hasta entrar en la Plaza Mayor. Una vez allí, subieron al tablado, pasando delante de los reyes, para colocarse en el graderío de los reos, justo enfrente del Inquisidor general. Los reos fueron colocados en las jaulas situadas en el centro del tablado y los veintiún reos condenados a muerte fueron dirigidos al quemadero de la Puerta de Fuencarral. En la Plaza Mayor se siguió con la lectura de las demás causas; comenzando después las abjuraciones ante el altar. Tras la absolución, la Compañía de los Soldados de la Fe realizó una salva de honor. Posteriormente, para reconciliarse con la fe cristiana, los reos debían encender una vela. Seguidamente, se procedió a la lectura del Evangelio. Los reos penitenciados fueron conducidos de nuevo a las cárceles del Tribunal de Corte a espera de recibir sus castigos.

La ejecución de las sentencias de muerte correspondía a la justicia civil. Según describe Del Olmo «Había el tribunal, muy con tiempo, avisado a los jueces seculares que previniesen en el brasero hasta veinte palos y argollas para poder dar garrote, y atando en ellos como se acostumbra a los reos aplicarles el fuego, sin necesidad del horror y violencia de otras más impropias y sangrientas ejecuciones, y juntamente que hubiese prevenidos bastantes ejecutores de la justicia para más breve despacho de los suplicios. La piadosa prudencia del santo tribunal, mientras los reos están en su poder, obliga a que se observe de tal manera la moderación, que nadie exceda ni falte a la precisión y observancia de los cánones sagrados, pero en entregando los reos a los magistrados públicos, corre por cuenta ajena este cuidado».

El brasero levantado para el Auto general de Fe tenía las escalofriantes medidas de 3600 pies cuadrados (282 metros cuadrados) y de 7 pies de alto (1,96 metros). Los reos accedían a la plataforma a través de una escalera.

Jesús Evaristo Casariego, Ejecución de Don Rodrigo Calderón en la Plaza Mayor. 1621. 1966. MHM

«Fuéronse ejecutando los suplicios, dando primero garrote a los reducidos (arrepentidos) y luego aplicando el fuego a los pertinaces, que fueron quemados vivos con no pocas señas de impaciencia, despecho y desesperación. Y echando todos los cadáveres en el fuego, los verdugos le fomentaron con la leña hasta acabarlos de convertir en ceniza, que sería como a las nueve de la mañana». Al acabar, la compañía de los Soldados de la Fe sacó en procesión la Cruz Blanca hasta la parroquia de San Miguel, donde se celebró un responso por los ajusticiados convertidos.

El tablado de la Plaza Mayor.

Se levantó un escenario de madera, diseñado por el maestro mayor de la Villa de Madrid, Joseph del Olmo, bajo la supervisión del comisario inquisitorial Fernando de Villegas. Ubicado en el ángulo entre la esquina de la calle Toledo y la calle Nueva (actual calle de Ciudad Rodrigo, que desemboca en Mayor) hacia la Puerta de Guadalajara.

La planta del tablado medía 196 pies de largo (54,88 metros) y 100 de ancho (28 metros), formando un rectángulo de 1536 metros cuadrados de superficie, accediéndose a este por dos escaleras. Se hicieron tres corredores: El primero servía para que los reyes viesen pasar la procesión de los reos por delante. El segundo, se formó con dos jaulas para que los reos oyesen dentro de ellas sus causas y sentencias dictadas desde dos cátedras por diez religiosos dominicos y jerónimos. Entre las jaulas y las dos cátedras había una bancada destinada a los secretarios, abogados de presos, relatores y otros ministros. Por último, el tercer corredor sobre la parte exterior del teatro, albergaba las gradas para las familias de los inquisidores.

La Cruz Verde, símbolo de la Inquisición, fue cubierta con un velo negro y colocada junto con doce candelabros de plata sobre un altar decorado con brocados de oro. Junto a este altar, se ubicó el púlpito del predicador. Las gradas ocupadas por el Consejo de la Inquisición y demás Consejos (Castilla, Aragón, Flandes, Italia e Indias) estaban adornadas con el Escudo Real y el del Santo Oficio. Enfrente del altar, se construyó un graderío donde se colocaron los reos, los religiosos que los asistían y los familiares del Santo Oficio que los custodiaban. Un gran toldo colgaba de los balcones más altos para proteger del calor estival a los asistentes.

Debajo del tablado y gradas había una serie de espacios dedicados a jaulas de los reos, lugar para descansar donde se habían preparado abundantes bizcochos, chocolate, dulces y otras bebidas.

El reparto de los balcones de la Plaza estaba hecho de modo que en la mayor proximidad de los reyes se situaran sus gentiles hombres y damas, así como los nobles y eclesiásticos de mayor rango; disminuyendo la importancia, alcurnia o riqueza de los invitados conforme se alejaban del balcón real.

Junto al balcón de los reyes se abrió una puerta que daba acceso directo al tablado. Se doró el balcón real y se rompieron tabiques de las casas colindantes, para que los balcones regios estuviesen directamente comunicados entre sí. La obra en general fue costeada por la Villa de Madrid, a excepción del balcón real, que corrió a cargo del soberano.

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