Accesos a la Plaza

La Plaza Mayor, tiene un total de diez arcadas que se han usado tradicionalmente como entradas y salidas de este recinto. Cada arco tiene un nombre que esconde detrás historias que han marcado de una u otra manera el devenir de la Plaza.

Arco de Cuchilleros

El Arco de Cuchilleros. Es el acceso más conocido y a su vez el rincón más pintoresco de la Plaza. Debe su nombre al gremio de cuchilleros que tenía en esta zona su

ubicación. Está formado por una escalinata de piedra que salva el gran desnivel, que separa la Plaza Mayor de la Cava de San Miguel. En el inicio de la escalera hay un pequeño púlpito con una barandilla de hierro. Este lugar se hizo famoso el 2 de mayo de 1808 por uno de los episodios relacionados con la guerra de la Independencia. Fue en este lugar donde un fraile del cercano convento de San Gil arengó a los madrileños contra la invasión napoleónica, animándoles a tomar las armas y luchar para expulsarles de Madrid.

Las casas de esta zona de la Plaza hacen de talud para sujetar la plataforma artificial sobre la que se levanta la Plaza y que antaño fue una laguna.

Plaza Mayor desde calle Ciudad Rodrigo

Calle Ciudad Rodrigo. En su origen se llamó calle Nueva y su corto recorrido iba desde la Puerta de Guadalajara a la Plaza Mayor. Su apertura permitía al cortejo real atravesar la Plaza para llegar a la iglesia de Atocha sin tener que dar un rodeo por la Puerta del Sol y Carretas. Tras el incendio de 1790 la calle permaneció sin reedificar algún tiempo y ya en el año 1835, fue remodelada y recibió el nombre de Ciudad Rodrigo en recuerdo de dicha ciudad salmantina, recuperada por el general Wellington en 1812, tras un asedio de seis meses contra los franceses.

Calle 7 de Julio. Conocida antiguamente como la calle de la Amargura. Existen varias teorías sobre su nombre. Una de ellas se remonta a la época de Alfonso XI. En plena reconquista las tropas del rey se reunían en torno a esta zona, que coincidiría con la antigua Puerta de Guadalajara. Aquí se despedían de sus mujeres e hijos que volvían a la ciudad llenos de amargura. Debido a esto el arzobispo de Toledo bautizó al sitio como “el lugar de la amargura”. La última de las teorías se centra en la amargura que los reos procedentes de la cárcel de la Villa sufrían al saber que tras pasar esta calle y entrar a la plaza serían ajusticiados.

Pero desde mediados del siglo XIX pasó a llamarse calle del Siete de Julio, en recuerdo a los héroes del 7 de julio de 1822. Durante el Trienio Liberal (1820-1823), miembros de la Milicia Nacional defendieron en la Plaza Mayor el ataque de las tropas de la Guardia Real que trataban de imponer de nuevo el absolutismo

El Arco de Triunfo. También llamado callejón del Infierno en recuerdo del incendio que sufrió la Plaza en el año 1672. Las llamas fueron de tal magnitud en esta zona de la Plaza que recordaban al mismísimo infierno. También se conoció como calle del Peso Real, al estar en el primer piso de la Casa de la Panadería las dependencias donde se controlaban las pesas de los comerciantes cada cierto tiempo para evitar fraudes. En 1634 se derribó el callejón para que los carruajes tuviesen acceso; y en el 1854 recibió el nombre de Arco del Triunfo. El nombre conmemora al igual que la calle 7 de Julio, la victoria de las tropas de la Milicia Nacional sobre la Guardia Real.  Una calle tan pequeña encierra además otra curiosa historia, y es que en su número 2 vivió el famoso cura Merino —Martín Merino Gómez—, el cual intentó asesinar a la reina Isabel II con un estilete escondido en su sotana.

Homenaje Héroes 7 julio

Calle Felipe III.  Era la antigua calle de los Boteros, al estar en este lugar dicho gremio.  Cambió de nombre en el 1851 cuando por iniciativa de Mesonero Romanos se decidió el traslado de la estatua ecuestre del rey Felipe III desde el palacete de la Casa de Campo a la Plaza. Precisamente fue este monarca el que decide darle a la Plaza su carácter monumental.

Calle de la Sal. Anteriormente se llamó calle Real de la Sal porque aquí estaba el depósito donde se expedía este género. La sal fue utilizada para pagar sueldos al ser considerada durante siglos el oro blanco. De esta antigua práctica queda en nuestro vocabulario la palabra salario, que alude a su origen de pago en especies.

Calle de Zaragoza. Su primer nombre fue calle de las Viñas, al ser antiguamente esta una zona de viñedos. Posteriormente se denominó calle San Jacinto y calle del Portal de las Zapaterías de Viejo. Desde 1835 es llamada calle de Zaragoza para conmemorar el heroísmo de esta ciudad durante los asedios que sufrió en la guerra de la Independencia.

Calle Gerona. Fue conocida con varios nombres como calle de las Vidrierías, calle de la Santa Cruz (por conducir al arrabal de la Santa Cruz), calle Portales de Santa Cruz y calle Portales de Sedas. Desde 1835 se denomina Gerona en recuerdo del heroísmo con que se defendió esta ciudad durante la guerra de la Independencia.

Calle Botoneras. En sus orígenes la calle ya tenía esta denominación, al estar situados en este lugar los vendedores de quincalla (conjunto de objetos de metal, generalmente de escaso valor, entre los que abundaban los botones). Posteriormente pasó a ser conocida como Arco Imperial, ya que desemboca en la calle Imperial. En 1835 cambió su nombre por el de Arco de Botoneras. Una mezcla de las dos denominaciones anteriores. Durante la revolución de 1854 conocida como “la Vicalvarada” se renombró con la denominación de calle del 17 de Julio, en recuerdo de los revolucionarios días 17, 18 y 19 de julio del mismo año. Pronto recuperó su tradicional nombre de Botoneras, el cual mantiene a día de hoy.

Calle Toledo. Esta calle ha permanecido con un nombre invariable a lo largo de su historia, al ser desde sus orígenes el antiguo camino que conducía a la ciudad de Toledo.