Autos sacramentales y fiestas religiosas

Fiestas de San Isidro

Los autos sacramentales eran representaciones teatrales de carácter moralizante que estaban estrechamente vinculados a las celebraciones religiosas; sobre todo el Corpus Christi.  La festividad del Corpus era una de las más vistosas de Madrid, ya la Custodia que procesionaba por las calles de la ciudad, iba acompañada de tarascas y carrozas profusamente decoradas, siguiendo la estética del Barroco. Una vez en la Plaza Mayor, se representaban sobre las carrozas y tablados, a modo de escenario.

Los autos sacramentales eran obras teatrales cortas, generalmente de un solo acto, en verso. A veces eran tan sólo composiciones escénicas, carentes de texto que basaban su atractivo en las arquitecturas efímeras, en las apariciones de todo tipo de monstruos mecanizados que representaban animales exóticos, y dragones inspirados en los bestiarios fantásticos o en el Apocalipsis. La temática de los autos se centraba en la lucha entre los ejércitos del Bien y del Mal. Sus personajes eran: la Avaricia, la Herejía, la Idolatría, la Iglesia, los Pecados, el Hombre, etc. y la temática religiosa solía centrarse en la eucaristía, la redención de Cristo, o la vida de la Virgen.

Representación del auto La Divina Filote, de Calderón de la Barca ante la Casa Consistorial de Madrid en 1681. Obra de Joaquín Muñoz Morillejo

 

Durante el Siglo de Oro, las escenografías de los autos sacramentales se volvieron de lo más fastuosas llegando a llevar las carrozas toda una tramoya compuesta de escotillas, plataformas giratorias, esferas que se abrían… dejando a los espectadores sin palabras. El gusto por lo asombroso, por lo maravilloso, por el artificio, encontró en la puesta en escena de los autos sacramentales su lugar de ser.

Los autos sacramentales eran escritos cada año por los más insignes poetas de la Corte, como Tirso de Molina, Lope de Vega o Calderón de la Barca, el cual fue uno de los máximos exponente del género, llegando prácticamente a ostentar el monopolio de la creación de estas piezas para el Corpus Christi. Su grandiosidad escenográfica, aunaba lo teológico, lo ritual y lo artístico, quedando perfectamente articulados.

Un aspecto del corpus 1623

A partir del siglo XVIII los ilustrados empezaron a criticar este tipo de composiciones por ser una curiosa mezcla disparatada de lo sagrado y lo profano, de lo religioso y lo popular, en un ambiente festivo de escaso recogimiento y devoción.  En el auto sacramental, además de desorden literario encontraban los ilustrados una peligrosa mezcla de lo sagrado y lo profano. El auto es esencialmente una obra religiosa, pero los autores tardíos habían ido introduciendo cada vez más elementos entretenidos y ridículos.

Los intelectuales Clavijo y Fajardo habían solicitado su prohibición por ser «farsas espirituales, ofensivas para el catolicismo y para la razón». La polémica en torno a los autos sacramentales culminaría al ser suprimidos por real cédula de 11 de junio de 1765.