El caballo de Felipe III. Una trampa mortal

La obra fue realizada por el escultor italiano Giambologna y terminada por Pietro Tacca, por encargo del gran Duque de la Toscana, Cosme de Medici, para ser regalada al rey de España.
La estatua pesa cinco toneladas y media, y llegó a Madrid en el año 1616 tras un largo viaje desde Florencia. Se instaló de manera provisional en el llamado jardín del Reservado en el alcázar y un año después se trasladó a los jardines de la Casa de Campo. Aquí se mantuvo hasta el 1848. Año en el que Isabel II decidió llevarla a la Plaza Mayor, a instancias del aquel entonces concejal de ayuntamiento de la Villa, Mesonero Romanos. El hecho de este cambio de ubicación, era para colocar la estatua en el lugar más representativo mandado construir por este monarca, y de esta manera reivindicar su figura para la historia de España y de la Madrid en particular.

Una vez trasladada a la Plaza Mayor, el lugar empezó a oler de forma nauseabunda sin saber el origen del olor, apareciendo teorías de lo más disparatadas, entre las cuales llama la atención aquella que decía que el mal olor provenía de un antiguo cementerio visigodo sobre el que se alzaba la Plaza (teoría sin fundamento, ya que la Plaza se erigió sobre la desecada laguna de los Lujanes). Debido a esto, se instalaron árboles y fuentes a modo de plaza a la francesa y a su vez, para disimular el mal olor. El origen del misterioso mal olor fue descubierto el 14 de abril del 1931, cuando un grupo de republicanos, tras proclamarse la II República, llegaron a la plaza para poner un “petardo” dentro de la boca de la escultura. Al explotar, se descubrió que el mal olor venía de miles de huesos y cuerpos putrefactos de gorriones que durante siglos habían entrado por los orificios de la nariz y la boca y al intentar salir de la panza del caballo morían en la oscuridad; convirtiéndose la estatua en un auténtico cementerio de gorriones.
La estatua fue restaurada tras la Guerra Civil por el escultor Juan Cristóbal, que esta vez selló la boca y los orificios de la nariz del caballo.

En enero de 2017 se ha incoado el expediente por el cual la estatua de bronce y el pedestal de piedra serán declarados Bien de Interés Cultural, una buena noticia para el patrimonio cultural de la ciudad de Madrid.