Carnavales y mascaradas

Los carnavales son una de las fiestas paganas más ancestrales que a día de hoy se siguen celebrando a nivel mundial. La lucha de la virtud frente al pecado y el exceso, está escenificada en los carnavales a través de don Carnal y doña Cuaresma. Con un sentido de renovación y fertilidad, estos festejos marcaban el fin del invierno que daba paso a la primavera. A lo largo de los siglos han sido muchas las maneras de celebración de los carnavales; destacando los disfraces y bailes de máscaras, donde los participantes daban rienda suelta a sus fantasías, protegidos por el anonimato de las máscaras. Convirtiéndose el carnaval en una válvula de escape a las frustraciones de un pueblo que vivía oprimido.

José Llovera. El carnaval en Madrid 1901. Museo de Historia

 

Los carnavales y mascaradas siempre iban acompañados de música. La fiesta iba precedida de una procesión donde una serie de carros desfilaban por las calles de Madrid hasta llegar a la Plaza Mayor. Estos carros, recordaban a los carros triunfales del imperio Romano. Los carros solían tener formas de navíos y en ellos se representaban desde escenas mitológicas hasta escenas burlescas relacionadas con hechos actuales.

Las celebraciones abarcaban de domingo a martes y, durante estos días, la relajación de las normas permitía toda clase de excesos, como las famosas batallas burlescas en las cuales los participantes se lanzaban huevos podridos, pellas de nieve, bolas de estopa…e incluso pedreas. Se colgaban trapos y desechos a los viandantes. Costumbre conocida como poner mazas. Se tiraban cubos de agua a los paseantes desde los balcones. También era costumbre celebrar representaciones teatrales satíricas y llenas de mofas, conocidas como mojigangas. Todas ellas con un aire de parodia que cumplía una función social terapéutica.

Felipe IV convirtió los carnavales, llamados en época de los Austrias, entruejos, en una auténtica fiesta donde los cortesanos se mezclaban con el pueblo al son de la música. Las máscaras y disfraces hacían del anonimato el mejor instrumento para esta curiosa mezcla de clases. El escenario elegido para el desarrollo de los bailes de carnavales era la Plaza Mayor, que engalanada para la ocasión veía como se cantaban coplas hilarantes o se representaban todo tipo de espectáculos grotescos que hacían las delicias de lo madrileños. El carnaval solía estar organizado por cofradías, gremios y estudiantes. Comenzaba con un pregón donde se recordaban las normas que iban a imperar durante los días de festejo y daba paso a los días de desenfreno.

Carnaval del año 1768. Museo de Historia

Vecinos y comerciantes eran quienes organizaban las fiestas populares más genuinas y auténticas. Las burlas, mofas y sátiras comenzaban en Madrid tres semanas antes del Carnaval ya que los hombres casados celebraban el jueves de compadres, al que seguía la fiesta de las mujeres casadas, el jueves de comadres, e incluso, ya terminados los carnavales, se celebraba una pantomima llamada partir la vieja, que no era otra cosa que saltarse las rígidas normas de la Cuaresma durante unas horas.

A partir del siglo XVIII las mascaradas empezaron a sofisticarse, y la nobleza comenzó a celebrarlas de forma diferente al pueblo. Mientras que los carnavales y mascaradas populares seguían teniendo como escenarios las calles de Madrid y la Plaza Mayor. Las mascaradas nobiliarias se trasladaron a palacios y espacios cerrados. Donde se les empezó a dotar de un carácter más palaciego e incluso intelectual.

Pero este arraigo carnavalesco no impidió que a lo largo del siglo XVIII hubiese ciertas limitaciones, cuando no prohibiciones. Felipe V y posteriormente Fernando VI intentaron sin éxito prohibir las celebraciones callejeras de los carnavales. Pero sería Carlos III quien llegaría casi a prohibir totalmente los carnavales para controlar los excesos que se cometían durante las celebraciones. Se llegaron a imponer multas dinerarias y castigos físicos. Carlos III, quiso en realidad limitar los descontroles carnavalescos más que prohibirlos. Pero el resultado fue que los carnavales y mascaradas poco a poco se hicieron menos festivos y populares.

En el último tercio del siglo XVIII, los excesos del carnaval, fueron ampliamente criticados por los ilustrados que los consideraban costumbres bárbaras y desmadradas; y por la Iglesia que los tachaban de irreverentes y blasfemos. De esta manera en el año 1767, los carnavales se redujeron a bailes de máscaras en el Teatro del Príncipe y posteriormente en el coliseo de los Caños del Peral debido al mayor aforo.

Carnaval 1872 en Madrid

José I Bonaparte en el año 1811 volvió a sacar los carnavales a las calles de Madrid. Recuperada la celebración del Carnaval, la Plaza Mayor volvió a ser el escenario para llevar a cabo los festejos. Durante el siglo XIX se recuperaron los tradicionales pasacalles, bailes, los manteos, representaciones satíricas etc. Fue a partir del estallido de la Guerra Civil y posteriormente el franquismo cuando los carnavales madrileños fueron perdiendo importancia en Madrid. Desde los años setenta y ochenta del siglo XX, los carnavales empezaron a renacer de sus cenizas volviendo a ser una de las fiestas más esperadas por los madrileños. A día de hoy los carnavales de Madrid podemos decir que son una de las fiestas más esperadas del calendario festivo.