Incendios de la Plaza Mayor

Tres grandes incendios han marcado la historia y la fisonomía de la Plaza Mayor. El primero de los incendios tuvo lugar la noche del 6 de julio de 1631. Comenzó a causa de las chispas que saltaron de un horno en una casa particular y pronto las llamas se extendieron a todo el lienzo de la Casa de la Carnicería. El fuego estuvo activo tres días de manera descontrolada; se extendió con rapidez debido a la altura de los edificios y a los materiales de construcción. Además, las cubiertas de plomo añadidas en el año 1621 como elemento decorativo, ayudaron a la propagación del incendio, ya que el calor del fuego las iba fundiendo, haciendo mucho más difíciles las labores de extinción. Juan Gómez de Mora fue el arquitecto encargado de la reconstrucción de la Plaza. El incendio se saldó con la devastación de más de cincuenta viviendas y trece víctimas mortales. Las pérdidas se calcularon en 1.300.000 ducados.

El segundo incendio comenzó la noche del 2 de agosto de 1672 y fue provocado por la llama de uno de los farolillos que alumbraba un cuadro de la virgen del Rosario situado en los soportales de la Casa de la Panadería. De dimensiones similares al anterior, sólo quedaron en pie del edificio de la Casa Panadería el sótano y la planta baja. Esta vez el arquitecto encargado de la reconstrucción fue Tomás Román. La reconstrucción se demoró diecisiete meses. En 1674, la Casa de la Panadería ya estaba reformada. La reforma se financió con las sisas reales y municipales aprobadas por la reina Mariana de Austria. Tras la restauración, el resultado fue un edificio con un amplio soportal y pilares de piedra. La fachada se enmarcó entre dos torres laterales con chapiteles. La nueva fachada constaba de treinta y tres balcones. Situado en el centro, el balcón real que pasaría a ser la tribuna privilegiada de la monarquía.

Actualmente en la Casa de la Panadería se puede ver una placa que alude al incendio:

Reinando Don Carlos II y gobernando la Reina Doña Mariana de Austria su madre y tutora, habiéndose quemado esta Real Casa de la Panadería el día dos de agosto de 1672, se reedificó desde los cimientos mejorada en fábrica y traza siendo Presidente de Castilla Pedro Núñez de Guzmán Conde de Villaumbrosa y Castronuevo y superintendente de la obra Don Lorenzo Santos de San Pedro del Consejo Real de Castilla, caballero de la Orden de Santiago, y Corregidor de esta villa Don Baltasar de Rivadeneira y Cuñiga Marques de la Vega del Consejo de hacienda y caballero de la misma orden y Regidores Comisarios Don Gerónimo Dalmao y Casanaey y Rafael San Guineto Don Tomás de Álava y Arigón y Don Andrés Martínez Navarite caballeros del mismo Orden y Caballería de Santiago. Acabose en diecisiete meses. Año de 1674.

Vista del incendio de la Plaza Mayor de Madrid. Entre 1790-1820. Museo de Historia
Vista del incendio de la Plaza Mayor de Madrid. Entre 1790-1820. Museo de Historia

Por último, el tercer gran incendio y el más devastador de ellos, sucedió la noche del 16 de agosto de 1790. Se originó en el Portal de Paños, comprendido entre el arco de Cuchilleros y el Arco de Toledo y arrasó completamente un tercio del perímetro de la Plaza Mayor. El principal factor del incendio fueron de nuevo los materiales de construcción; puesto que en la última restauración se había utilizado en las estructuras abundantes elementos de madera. Esta vez el incendio duró nueve largos días, extendiéndose a edificios aledaños como la iglesia de san Miguel de los Octoes. La iglesia quedó tan afectada que tuvo que ser derribada en el 1809.

Al comenzar el incendio se hicieron repicar las campanas de todas las iglesias de Madrid. La Plaza Mayor se empezó a llenar de autoridades: arquitectos, tropas, oficiales de carpintería y albañilería, cuerpos de seguridad etc. Todos bajo las órdenes del arquitecto Juan de Villanueva.

El fuego se extendió rápidamente debido a que los aljibes de la Plaza estaban vacíos y no había suficiente agua en los pozos de los alrededores. La única forma de parar el incendio, fue derribar los edificios colindantes para que hicieran de cortafuegos.

Durante los días que duró el incendio se gastaron más de un millón de reales y se repartieron 46.000 raciones de pan y queso para los trabajadores que ayudaban en la extinción. El rey Carlos IV, impactado por la magnitud de la tragedia, que recordaba al incendió del real alcázar en la nochebuena del 1734, puso a disposición de los más de mil trescientos madrileños afectados, un millón de reales de su propio erario, siendo el conde de Campomanes el encargado de llevar a cabo el reparto.

Tras esta última catástrofe, el propio Juan de Villanueva redactó una ordenanza municipal para la prevención de incendios. La última ordenanza se remontaba a 1720 y fue redactada por el arquitecto Teodoro Ardemans. Entre una de las medidas que más polémica causo fue la prohibición de los farolillos y cualquier tipo de luminaria para los numerosos retablos y altares que poblaban los soportales de la Plaza Mayor.