Justas Poéticas y otras celebraciones

La Plaza Mayor. Madrid. 1701. Museo de Historia

La Plaza Mayor, creada como gran escenario urbano ha acogido eventos de gran importancia tanto para la ciudad de Madrid como para la historia de España.

El espacio se transformaba para cada evento a través de arquitecturas efímeras que modificaban completamente su fisionomía. Sus balcones se engalanaban con tapices, estandartes y colgaduras. En el centro se solían levantar los llamados tablados, que no eran más que escenarios que ponían de manifiesto el boato del Siglo de Oro, a través de una impresionante escenografía barroca.

Las coronaciones de reyes, eran unas de las fiestas más importantes. Aquí se han coronado Austrias y Borbones; Siendo uno de estos reyes, el propio rey Felipe III, quien encargó a Gómez de Mora que dotara a la Plaza Mayor de un carácter monumental del que carecía hasta 1617. Acorde a su nuevo papel de gran teatro urbano. Entre las proclamaciones realizadas, destacaron las de Carlos III en el 1760 y la de Fernando VI en 1808.

Las pandorgas o mezcla de danzas descompuestas y movimientos grotescos, acompañadas de disfraces de animales e instrumentos igualmente ridículos, se daban cita también en algunas de las fiestas de la Plaza Mayor.

Durante los festejos en la Plaza no podían faltar espectáculos pirotécnicos. Por lo general la escenografía se realizaba en cartón piedra con iconografías adaptadas a cada evento.  En la época de los Austrias dichos espectáculos recurrían a imágenes caballerescas o medievales, donde castillos, caballeros, damas en peligro, unicornios, diablos, templos, arcos, columnas, ángeles, serpientes y dragones no podían faltar. Se trataba de dar cuerpo a escenas alusivas al motivo de la fiesta o a episodios de carácter histórico o legendario. Exhibiciones de efectos especiales, donde las figuras de cartón y madera estaban a menudo rellenas de cohetes. Todo ello acababa reducido a ceniza tras la finalización del espectáculo. Los fuegos de artificio solían ser el broche de oro de algunas celebraciones y a su vez servían para que se consumieran los elementos de la escenografía efímera.

Ornato de la Plaza Mayor, con motivo de la entrada en Madrid de Carlos III. 1760. Museo de Historia

Otra de las actividades que no faltaba en cualquier acto realizado en la Plaza Mayor eran las llamadas justas poéticas. Estos eventos estaban presentes dentro de cualquier tipo de celebración en el Siglo de Oro, ya fuesen bodas reales, nacimientos, funerales, beatificaciones etc. No había fiesta barroca que dentro de su boato no contase con alguna justa poética. Su nombre guardaba reminiscencias con los torneos y lides medievales. No en vano el nombre de “justa” hace alusión a este tipo de competiciones. Estos concursos literarios habían llevado la competencia caballeresca al campo de las letras.

A imitación del mundo de la caballería, comenzaban con un desfile donde un grupo de músicos acompañaba a los caballeros engalanados con todo tipo de joyas y plumajes. Esta comitiva portaba el cartel que las publicitaba y el desafío poético a realizar. El séquito recorría las principales calles de Madrid anunciando el torneo, hasta llegar a la Plaza Mayor. Una vez llegados allí, sobre un tablado creado para la ocasión, se daba solemne lectura a las bases del combate. Las composiciones literarias más demandadas eran por lo general: canciones reales, liras, redondillas, endechas, coplas, sonetos, ovillejos, quintillas, octavas, dísticos, hexámetros etc. Destacando los jeroglíficos y las llamadas empresas. Ambas composiciones eran versos con imágenes, divididos en un poema, una imagen y un epigrama.  Su estructura se inspiraba en la heráldica y en las divisas utilizadas en los juegos caballerescos.

Proclamación de Fernando VII en la plaza mayor de Madrid 1808. Museo de Historia

El ceremonial de las justas poéticas finalizaba con el acto de lectura pública de poemas y entrega de premios en diferentes tablados colocados en varios puntos de la Plaza, en la cual se habían colocado previamente gradas para el auditorio. Terminada la entrega de premios, se daba paso a la fiesta. Un gran jolgorio acompañado de música de trompetas, tamboriles, chirimías y toda clase de instrumentos populares.

Entre algunos de los escritores del Siglo de Oro que organizaron varias justas poéticas a lo largo de su vida, destacan Calderón de la Barca y Lope de Vega. Ambos actuaron como secretarios, miembros del jurado, redactores del cartel, traductores de jeroglíficos o designando temáticas y premios.