Tarascas

El Madrid del siglo XVII se transformaba totalmente durante las celebraciones del Corpus Christi. La ciudad se convertía en un auténtico escenario teatral donde lo religioso y lo pagano se mezclaban con un carácter festivo que envolvía a toda la ciudad. Todas las calles por las que pasaba la procesión se llenaban de toldos blancos y azules. Los balcones se decoraban con ricas telas, brocados y flores. Convirtiendo la ciudad en un colorido escenario.

El Corpus era una de las fiestas litúrgicas más esperadas del año. Comenzaba con una procesión precedida de un enorme dragón que recorría las calles de Madrid. Este animal mitad dragón mitad serpiente, era conocido como la tarasca. Las tarascas estaban realizadas en materiales efímeros, por lo general maderas, pasta de papel y tela. La tarasca estaba articulada y movía el cuello de un lado para el otro. La tarasca representaba al mal absoluto y sobre ella iba montada a modo de jinete una mujer que personificaba los vicios y pecados. Esta era la conocida como prostituta de Babilonia; personaje que aparece en el libro del Apocalipsis. En la carroza de la tarasca también se podían ver personajes grotescos, demonios y todo tipo de figuras singulares.

La tarasca iba acompañada a su vez del tarascón y la tarasquilla, figuras también efímeras pero de menor tamaño. La comitiva continuaba con los gigantones y la gigantilla que giraban y danzaban sin parar al son de las trompetas, sonajas y panderos; y animaban a la gente a bailar a su alrededor. Los asistentes aprovechaban su paso para lanzarles piedras y palos mostrando su rechazo al mal y dejando las carrozas bastante maltrechas al final del recorrido.

Seguía la comitiva con una serie de danzas tradicionales como las folías portuguesas, danzas de espadas, de moros y cristianos, de lazos y enramadas, de zapateados, de cascabeles, escarnio, paloteado… Seguidamente aparecían las carrozas donde se representaban escenas bíblicas, mitológicas e históricas.

Trompetas y timbales daban paso al cambio de registro en la celebración. Tras pendones y cruces de diferentes cofradías, y con una representación de las órdenes religiosas y hospitalarias (trinitarios descalzos, capuchinos, mínimos, mercedarios, trinitarios calzados, carmelitas, agustinos, franciscanos, dominicos). Acompañada de cánticos religiosos aparecía de manera solemne, el elemento más importante de la procesión: La custodia con el Santísimo Sacramento, escoltada por doce pajes y los capellanes del rey. A ambos lados de la custodia, se colocaban los miembros de los consejos. Inmediatamente detrás marchaban los mayordomos y grandes de España, y finalmente la familia real escoltados en semicírculo por la guardia de los archeros de corps. En mitad de este gentío y escoltada por los más altos cargos del reino y de la villa iba la custodia, a la que seguían el rey y su comitiva, algo que no solía ocurrir pues normalmente la familia real seguía las procesiones desde los balcones de palacio.

La custodia de Madrid fue encargada por el Ayuntamiento de Madrid y como curiosidad, la custodia no pertenece a la Iglesia, sino que es propiedad municipal y se conserva en la Casa de la Villa, de la cual sale cada Corpus Christi para procesionar por las calles de la Capital.

El recorrido habitual de la procesión comenzaba en la iglesia de Santa María junto a la calle Mayor (derribada en 1868), continuaba por calle Mayor hasta llegar a la plaza Mayor, donde se llevaban a cabo las representaciones de los autos sacramentales. Después seguía por la calle Toledo, pasaba por Latoneros y llegaba a Puerta Cerrada, desde donde tomaba la calle Sacramento hacia la plaza del Cordón para acabar de nuevo en la iglesia de Santa María.

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